Sentir el Derecho

Sentir el Derecho | Flores Psicólogas

La importancia de sentir el Derecho para tomar las riendas de tu vida

En la semana dónde se conmemora la Declaración Universal de los Derechos Humanos

Como seres ontológicamente subordinados, las mujeres han entrado sin dificultad en el mundo de los deberes, pero no en el mundo de los derechos.

Historicamente, la defensa de los derechos de las mujeres data de la segunda mitad del s.XVIII, cuando Olivia Gouges fue decapitada por plantear un conjunto de reivindicaciones en esta materia. Aunque la lucha por los derechos todavía continua en buena parte del mundo, los éxitos logrados se van plasmando en el sistema judicial de cada país. No obstante la merma en la protección de los mismos ha ido impregnando las diversas facetas de poder en la vida de las mujeres. Durante años, hemos tenido que pelear y conquistar el derecho a decir, el derecho a decidir, el derecho a discrepar, el derecho a negar, incluso el derecho a concederse unos límites, o a ponérselos a otros. Como nos dice Marcela Lagarde “la ética tradicional del cuidado de los otros se sostiene por un hecho que es invisible y que está a la par y es el autodescuido”. Si estamos para los otros, no estamos para nosotras mismas, porque eso es egoísta, y el patriarcado se ha encargado de hacer que las mujeres mismas perpetúen este sistema, con la prohibición de ser egoístas. El egoísmo es la antítesis de ser altruistas, dadoras, cuidadoras, generosas, ser para otros. Por eso en los talleres y grupos de autoestima, una de las preocupaciones que primero aparece es la de convertirse en egoístas. Pero después de la preocupación observamos que el anteponer a otros por delante de la propia existencia es tan esencial en la definición de ser mujer, que cuando comenzamos a trabajar para subvertir esa mirada, emerge enseguida la culpabilidad.

De ahí que trabajar con el derecho sea un aspecto nuclear para incrementar la autoestima. Decir que se tiene derecho, que se concibe el derecho de algo, es creer que uno puede tener acceso a ese algo, un espacio, una faceta. Decir que se siente el derecho es concederse la integración y la igualdad de valor en el género humano. Por tanto sentirse con derecho me inviste de poder. Es sentirse con energía y capacidad de lucha para reivindicar lo que se considera de justicia. Cuando además se parte de condiciones individuales desfavorecidas o se sufren heridas traumáticas a lo largo de la vida, se amplía la desconfianza en un mundo equitativo de manera que va surgiendo un sentimiento de inferioridad respecto de los demás y una percepción más pobre de los derechos.

En este marco, hablar de sentirse con derecho es como poner un fondo a las carencias para que se pueda avanzar. Desde la carencia se tiende a la queja y el victimismo, esperando de forma pasiva, que sean los que me rodean quienes solucionen o arreglen aquello que es vivido como un déficit. Sentirse con derecho es el punto de apoyo para encontrar el impulso de hacer cambios reales en la vida de uno, sin que esa fuerza sea otorgada desde afuera. En ocasiones se trata de cambios de actitud que facilitan a su vez, cambios en el entorno. Otras veces se plasman en la búsqueda de nuevas alternativas. Sentir el derecho en definitiva, es el primer paso para tomar las riendas de la vida de uno, de manera que se deje de depositar en otros la medida del propio valor.

 

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