LA COMUNICACIÓN NO VIOLENTA

Siento que tus palabras me sentencian

que me juzgan y que me apartan de ti, 

pero antes de irme, tengo que saber

si es eso lo que quieres decirme. 

Antes de erigirme en mi defensa,

antes de hablar herida o asustada, 

antes de levantar esa pared de palabras, 

quiero saber si verdaderamente he oído.

Las palabras son ventanas o paredes;

nos condenan o nos liberan...

                                                 Ruth Bebermeyer.

 

Tal y como reza el poema, las palabras tienen el poder evocador  de vincularnos o enfrentarnos. Son capaces de hacernos sentir comprendidos y conectados, o de iniciar guerras y de romper puentes. Unidades linguísticas de un código común, componen la herramienta fundamental de comunicación que basa nuestras relaciones íntimas, laborales, familiares, amistosas. Dicen los expertos que la comunicación es ese proceso complejo en el cual se intercambia información, se comparten experiencias y/o conocimientos, se establece contacto a nivel racional y emotivo, y se ejerce una influencia recíproca, pasando de lo individual a lo social.

El método de Comunicación No Violenta de Marshall Rosemberg lleva más de 30 años lidiando con conflictos por todo el mundo. Como dice Arun Gandhi, "todos somos violentos, aunque nos cueste reconocerlo. Suponemos que no lo somos porque nuestra concepción del término está asociada con imágenes de peleas, palizas, asesinatos -el tipo de cosas que las personas comunes y corrientes no hace." Sin embargo puede hallarse violencia en nuestras actitudes. Al pasar nuestra observación de la realidad por el filtro del juicio, la comparación con los demas, o el saber mejor que otros lo que les acontece, la teñimos de evaluación y la comunicación se vuelve hostil. Es en ese momento cuando convertimos una oportunidad para cooperar y entendernos en una confrontación y hacemos del otro un enemigo. Pero además, en palabras de Marshall Rosemberg, "la violencia es la expresión trágica de necesidades no satisfechas, una manifestación de impotencia..." Por eso su método es una invitación a ampliar la conciencia sobre nuestros sentimientos y las necesidades que se esconden detrás de ellos. A partir de ahí se aprende a reasignar las responsabilidades propias y  de los otros en la satisfacción de las mismas, y del mismo modo, se abre, a través de la escucha empática un diálogo fluido para entender lo que sienten y necesitan los otros. Ya en la última etapa se aprende a realizar una petición eficaz, es decir a construir demandas realistas, concretas y adaptadas a la situación. 

Después de todo ello, las posibilidades de afrontar las relaciones con una comunicación constructiva y saludable se amplian a nuestro favor.

 

Flores Psicólogas

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